Pero entonces apareció el propietario del castillo, un guapísimo escocés del mismo nombre que el terrateniente imaginario. Toni no podía creerlo, había inventado a aquel hombre... y sin embargo, Bruce le resultaba inquietantemente familiar.
Mientras tanto, alguien estaba asesinando a mujeres jóvenes y abandonando sus cuerpos en los alrededores del castillo. Entonces, Toni comenzó a tener sueños que relacionaban a Bruce con los asesinatos. Él afirmaba que quería ayudarlos a atrapar al asesino, pero... ¿podía confiar en él?



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