Rye estaba convencido que Lisa era como las mujeres cazafortunas de su pasado. Ya se había quemado antes y había jurado no volver a cometer el mismo error. Aun así, le fue difícil resistirse a ella. La dulzura de sus besos lo tentaba hasta la locura, y supo que estaba peligrosamente cerca de la llama. Pero ya era tarde, se había vuelto adicto a su fuego.

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